domingo 28 de septiembre de 2008

Urtain

Recuerdo a Urtain en la segunda mitad de los '80, nervioso a la puerta de una discoteca de provincias. Pasábamos por allí al volver de las clases de música. Era relaciones públicas, portero, daba lo mismo. Alternativamente admirado, compadecido, ridiculizado, era lo mismo.
Unos le pedían autógrafos, otros le saludaban con mal disimulada lástima, nadie le hacía mucho caso. Nadie parecía ver un hombre sino una figura en la que proyectar su propio imaginario.


EL Centro Dramático Nacional estrena estos días "Urtain", una tragedia basada en la figura de aquel boxeador mediocre que fuera tal vez el mayor icono deportivo español de los años 70 y que acabó tirándose por la ventana de un décimo piso en el madrileño Barrio del Pilar mientras todo el país celebraba los fastos olímpicos de Barcelona '92.

Hacía años que no salía de un teatro o un cine con una impresión tan clara de haber visto una gran función. El texto es la adaptación de un guión cinematográfico que nunca llegó a producirse. Aunque podría haber estado lastrado por toda la tradición de películas de boxeo -con obras maestras como Toro salvaje o Rocco y sus hermanos- o por el épico lirismo de textos más cercanos como la magistral "Neutral corner" de Ignacio Aldecoa, no sucede tal cosa. Dejando de lado algún matiz pretencioso o algún lapso discordante con la propia sintaxis de la obra (sobre todo un momento en que un speaker escenifica inoportunamente algo así como un rap), el tono general es espléndido y sostenido.

Montado sobre el esquema de la tragedia griega, Urtain recorre la vida de su protagonista hacia atrás, desde la muerte hasta el origen, pasando inevitablemente por su decadencia, su caída profesional tras la pérdida del campeonato de Europa y otros episodios que llevan hasta su infancia en el cerrado mundo rural vasco que le vio nacer.

Los héroes de la tragedia heredada de los griegos no son los de la épica. Electra sólo es una mujer sola ante un conflicto que le sobrepasa, Edipo no es dueño de su destino. Un buen punto de partida para una mirada ética. Urtain es un hombre normal sometido a unas tensiones que no puede controlar. Aquí el tratamiento del personaje es conmovedor por su respeto, respeto al propio personaje y respeto al público. Nada de caricaturas o idealizaciones para una épica que sería descaradamente fraudulenta. Por suerte nada de ese esteticismo Everlast tan de moda en los últimos años. Además, la composición e interpretación de Roberto Álamo es impecable, tanto cuando encarna al personaje como en la conmovedora escena en que se convierte en el padre dionisiaco y saturnal dispuesto a morir por una valentonada.

La relación de una sociedad o de un público con sus iconos es uno de los temas más interesantes que sigue ofreciendo el discurso literario.
El coro de esta tragedia moderna está compuesto por varios actores que, según los momentos de la historia, dan voz al discurso mediático de la época o a diferentes personajes -reales o estereotípicos- de la sociedad de aquel tiempo. Pero aquí también huye de posibles caídas en un costumbrismo cínico y facilón: no se trata de suministrar moralinas o maniqueismos ideológicos, tampoco, afortunadamente, de una historia infantiloide de juguetes rotos, se trata, ni más ni menos, de exponer con crudeza pero sin crueldad la vida de un hombre concreto en relación con su contexto social concreto. La tragedia de la democracia griega no proponía a la fantasía fábulas de éxito o melodramas de fracaso, sólo seres humanos ante un destino que muchas veces ni ellos mismos comprendían.
Si hay conclusiones que sacar, sácalas tú mismo.

2 comentarios :

  1. la muniequera dijo...

    cómo me gusta leerte y qué poco que comentar tengo, sólo decirte que paso por aquí, leo y me voy

  2. Eloy Garavís dijo...

    Por fin he visto la función. Hacía años que no me emocionaba en un teatro. Me recorre el cuerpo la misma sensación que tú describes. Por fin me he decidido a leer el artículo completo y he de decirte que me gusta, como me suele suceder con tus reflexiones y razonamientos, y con tu prosa. Espero que "Después de todo" vuelva pronto a estar al día. Vuelve.
    Salud.